El marco social en que vivimos hoy
se caracteriza, entre otras cosas, por su organización
polifacética y por el elevado número de organizaciones
existentes en su seno. Estas han surgido en áreas tan
importantes como la familia, la enseñanza, la política,
la religión, el ocio y la recreación, la salud, y un
largo etcétera, sin olvidar aquella que aquí nos
interesa: el trabajo. Así, en cada una de estas áreas se
han configurado como organizaciones las empresas, los
hospitales, la iglesia, las universidades, los
ayuntamientos, y muchas otras organizaciones que aquí
sería muy largo mencionar. Por ello diversos autores
tratan de explicar el funcionamiento social
caracterizándolo como “burocrático” u “organizacional”.
El elemento común que relaciona a
cada una de estas organizaciones, más allá de sus fines
o propósitos, es que la constituyen personas que
comparten un fin o un propósito, que son parte
integrante de las mismas, donde cada una de ellas tiene
un rol que cumple o desempeña, y un objetivo último
común a todas. Desde el siglo XX a este grupo de
personas que forman parte de una organización se las
caracteriza como un recurso, en este caso de naturaleza
humana.
Desde esta perspectiva, dentro de
las empresas cada una de las personas se consideran
entonces como un recurso a minimizar, porque tienen un
coste, pero al mismo tiempo su cualidad humana los
convierte en el elemento de más difícil manejo dada su
complejidad, por lo que el reto de una moderna gestión
de Recursos Humanos es lograr el equilibrio entre coste
e inversión para garantizar el éxito de la gestión de
los mismos. Es por ello que a lo largo del tiempo se le
han dado distintas nominaciones y se han definido tantas
veces las funciones que los Recursos Humanos deben tener
en la empresa.
Aunque se profundizarán estos temas
más adelante, en los primeros años del siglo XX las
empresas gestionaban solamente aquellos aspectos
relativos a los costes de personal y la legislación
laboral, y eran abogados los profesionales que se
encargaban de estas tareas. Luego el centro de atención
se desplazó hacia los factores humanos, y fueron
entonces los psicólogos quienes se encargaron de
desarrollar diversas tareas centradas en el individuo.
Hoy, los gestores de Recursos Humanos se especializan en
tratar los aspectos sociales de los seres humanos, pero
simultáneamente desarrollan una preocupación manifiesta
por los costes que representan para la empresa y el
valor añadido que esta gestión tiene para los
accionistas de las empresas.
El desarrollo del trabajo como
forma institucional siempre ha existido, y los
trabajadores han sido dirigidos bajo algún
procedimiento, en algunos casos sin acuerdo entre las
partes –como es el caso de la esclavitud- o bien a
cambio de algún bien o servicio –el trueque-. Así,
aunque en las empresas siempre ha existido preocupación
por los trabajadores, no es sino desde el siglo XX que
surge la necesidad de desarrollar su gestión tomando en
cuenta el grado de complejidad de las empresas alcanzan.
Hoy se puede afirmar que la mayoría
de las organizaciones consideran sus recursos humanos
como elementos valiosos y en muchas ocasiones
irremplazables. Y es por este razonamiento que su
gestión se convierte en un asunto estratégico y crucial,
vinculado directamente con los resultados de la gestión
empresarial. Gómez Mejía et al. (2001) justifican este
interés en virtud a tres tipos de exigencias o factores
a ser tomados en cuenta: del entorno, de la
organización y del individuo. |